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Mi hija necesita ayuda (o tal vez yo)


Cierto día me llamó una señora y me dijo de manera firme:


- Quiero informes.

- Informes… por supuesto, qué necesita – respondí.

- ¡INFORMES!


Normalmente la gente me llama sabiendo algo y yo complemento esa información. En esta ocasión, la señora me marcó para preguntarme si podía llevar a su hija conmigo, una adolescente que tenía problemas para comunicarse.


En mis llamadas no suelo tardarme mucho, son cosas generales, concertamos la cita y en la sesión exponen claramente lo que cada paciente necesita. Sin embargo en esta ocasión, pasaron 20 minutos de llamada y la señora no saciaba sus dudas. Estaba seriamente consternada porque su hija no podía comunicarse con nadie, en especial con ella. No era la cantidad de dudas, más bien era que no me daba oportunidad a responderlas, o bien, a terminar alguna de mis respuestas.


Quiero pensar que ya se imaginan cuál es el problema en esta situación. Aunque la adolescente pueda tener muchos asuntos que tratar en terapia, yo identifiqué uno muy claramente. La señora no me permitió responderle. Y lo poco que dije, no me lo escuchó por estar preocupada por su problema y por generar más preguntas. Yo terminé la llamada con toda la certeza de que no escuchó. ¿A quién le recomendaría yo que asistiera a sesión de terapia conmigo?


Es totalmente lógico y frecuente lo que sucede en esta situación. Si nosotros acercamos un dedo de nuestra mano a los ojos, lo suficientemente cerca antes de tocar el globo ocular, nos damos cuenta que no vemos el dedo, sabemos que hay algo ahí, pero no se ve qué es. De mismo modo, si estamos en una montaña rusa e intentamos ver lo que está pasando por nuestros ojos, seguramente experimentaremos frustración al no ver a detalle las cosas. En ese caso, es mejor dejar fluir, no preocuparse ni angustiarse, por el contrario, lentamente podemos ir alejando el dedo de nuestro ojo e iremos conociendo cada ángulo de él, hasta verlo claramente. Podemos disfrutar de la montaña rusa veamos o no veamos lo que hay alrededor, sólo experimentando lo que está sucediendo. Al bajarnos y cuando dejemos el mareo de lado, podremos ver cada detalle y entonces sí, tomar acciones necesarias con eso que estamos viendo.


Yo les puedo asegurar, que cuando la señora baje el ritmo un poco, podrá, no sólo ver a su hija de diferente manera y con más detalle, sino que también podrá aprender a comunicarse saludablemente con su hija y entonces sí comenzar a sanar.



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elsa @ elsalesser.com

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©2020 por Elsa Lesser.